Primeras imágenes de satélite del gigantesco iceberg desprendido de la Antártida
- Revista La Mañana
- 2 mar 2021
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Un iceberg gigante se ha desprendido en la Antártida diez años después de que los científicos descubrieran la primera grieta. Este trozo de hielo, aproximadamente del tamaño del área metropolitana de Londres, está en seguimiento ya que no se sabe qué rumbo tomará.
Los científicos llevaban años vigilándolo y finalmente ha ocurrido. El colosal iceberg A74, de 1270 km² se ha desprendido de la plataforma de hielo Brunt el viernes pasado.
La anticipación de los científicos ha permitido que no se llevara consigo la estación Halley, la base de investigación británica. Los equipos la desplazaron 30 kilómetros hacia el interior de la plataforma para evitar que fuera a la deriva con el iceberg. Aunque ya no queda nadie en la base Halley, cerrada de cara al invierno antártico, los expertos se muestran confiados de que la base no ha sufrido daños. El bloque se ha desprendido en la plataforma de hielo Brunt y se trata del tercer desprendimiento en esta última década.
Según explican desde la British Antarctic Survey, que ya estaba preparada desde años para algo así, la grieta avanzó durante el pasado mes de enero hacia el noreste a una velocidad de hasta un kilómetro por día, lo que cortó la plataforma de hielo flotante de 150 metros de espesor.
Antes y después: iceberg en la plataforma Brunt


El experto Pierre Markuse obtuvo esta impresionante imagen con satélites ópticos de Copernicus el mismo día del desprendimiento.

El British Antarctic Survey explica en su nota que las primeras señales de que la ruptura era inminente llegaron en noviembre de 2020 cuando la grieta norte comenzó a unirse con otra gran grieta, cerca de la lengua del glaciar Stancomb-Wills, a 35 kilómetros de distancia.
Durante el mes de enero la grieta avanzaba a un ritmo de un kilómetro al día, seccionando los 150 metros de hielo de espesor. Todo en estas latitudes resulta desmesurado.
Los científicos británicos recuerdan que en glaciología los efectos de estos eventos resultan bastante impredecibles pero confían en que la base esté a salvo. En invierno se vigila la evolución gracias a los satélites.
Fuentes: Euronews / La Vanguardia




















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